lunes, 4 de junio de 2012

Mi primer viaje a Montezuma (crónica)

Es un 29 de diciembre, estoy algo aburrida y recuerdo que mi mejor amiga de la universidad siempre me hace caso a las tonteras que se me ocurren. Tenía ganas de hacer algo diferente y explorar, es entonces cuando decido llamar a Maria Jose e invitarla a hacer algún viaje a la playa porque era algo que nunca había hecho con alguien más fuera de mi familia, siendo ella algo atrevida y alocada me responde sin dudar que sí.

Como se acercaba el 31 de diciembre, fecha que siempre se suele pasar con la familia (al menos en mi caso), decidimos posponerlo para el otro año, pero como nos urgia tanto realizar nuestro viaje a la playa decidimos irnos el 1 de enero del siguiente año que recién ibamos a recibir.

Se acerca el año nuevo, yo ya tengo todo preparado para salir a la playa, pero... solamente tenía un pequeño problema, no tenía quién me llevara a San José a agarrar el bus que nos llevaría hasta Montezuma, me encuentro en ese momento entre toda mi familia, sin ninguna otra alternativa más que preguntarle a alguna alma bondadosa que si me hacía el favor de levantarse a las 5 de la mañana después de una noche de fiesta en la cual, a esa hora casi se van acostando y que me llevara hasta San José para que no me dejara el bus. Comencé el recorrido, comienzo por mi papá el cual, con sólo la expresión de su cara me dió una respuesta negativa, seguí con las siguientes opciones, entre todos mis primos que se inventaron mil y 1 excusas para no ir...llevaba ya una hora preguntando con cara de lastima hasta que por fin un primo que con tal de que ya me callara y quedara quieta aceptó mi solicitud.

Recibimos el año nuevo, nos acostamos a las 4:00 a.m, suena la alarma a las 4:30 a.m y es hora de alistarme para iniciar mi viaje esperado, una vez que estoy lista me voy a la casa de mi primo que es mi vecino y no aparecía por ningún lado, los busqué, lo llamé y lo esperé...con cara de preocupación y pensando en que ya no iba ser posible llegar a mi destino cuando, de repente, con cara de goma y semi-ebrio aparece por la puerta sin recordar la propuesta que me había aceptado. Con pocos ánimos, cansancio y amargado toma las llaves del carro y salimos rumbo a San José, donde me estaba esperando mi amiga para salir en bus directo hasta Montezuma. Ibamos ya por la mitad del camino, cuando de una forma misteriosa se nos acerca una moto y nos detiene, un oficial de tránsito decide hacerle la alcoholemia a mi primo, la cual, dio un porcentaje de alcohol suficientemente alto en su sangre como para quitarle su carro, pero al final no fué nada que 30 mil colones de mi bolsillo no podían solucionar. El oficial de tránsito de marcho contento y agredecido del bono de año nuevo que le habíamos hecho.

Por fin, llegamos a la terminal de buses y me topo a mi amiga con cara de susto y descubro que por mi atraso se nos fué el bus...Claro! tanto alboroto para nada..yo dije. Pero en ese mismo instante a María José se le ocurre tomar un taxi para ir a la terminal de Puntarenas y tomar otro bus hacía Montezuma. Llegamos a la terminal de Puntarenas, compramos nuestros tiquetes para el medio día, donde que dí cuenta que madrugar y gastar 30 mil colones del alma no valieron la pena. Después de una larga espera, cayeron las 12:00 m.d y salimos rumbo al puerto, durante el camino lo único que logré fué dormir para reponer el sueño de toda la noches anterior.

Llegamos a Puntarenas, cada una iba con una sonrisa en la cara a tomar el ferri que nos llevaría hasta el siguiente bus, cuando escuchamos una voz inapropiada que decía que el ferri estaba siendo arreglado porque tuvo una falla. No nos quedó más remedio que esperar de nuevo,bajo ese sol candente la hora en que el muy viejo barco estuviera listo. Iban a ser las 7:00 de la noche cuando al fin anuncan que está listo y reparado el ferri, pero lamentablemente ya el siguiente bus nos había dejado y era el último del día. Decidimos entonces, buscar una cabina para dormir esa nocha y agarrar el primer bus de la mañana siguiente.

Encontramos la cabina que nos pareció más apropiada económica y físicamente hablando, ya teníamos todo instalado y nos disponíamos a dormir cuando..siento que algo frío se movía entre mis pies y María José comenzó a gritar como atacada, en lo que vuelvo a ver que era, observó como una serpiente amarilla se arrollaba entre mi pierna y no había pasado dos segundos cuando me desmayé del susto. Mi amiga salió corriendo por ayuda, llegaron unos paramédicos a ayudarme, quitaron la serpiente de entre mis pies y me llevaron al hospital más cercano porque de la impresión y el susto yo no reaccionaba. Pasamos allí toda la noche, hasta que a las 6:00 a.m mi cara reflejaba un entorno más natural y el de una persona normal, fué entonces cuando decidieron dejarme ir.

Después de una larga y agotada noche, tomamos el ferri y alcanzamos el bus hacía Montezuma..Ibamos con las mayores ganas de dormir en el bus, pero fuimos las últimas en entrar y no nos quedó más remedio que irnos de pie en un viaje de 4 horas. Ya había pasado la primer hora, todos los pasajeros iban sudando en medio de aquel fuerte sol, llevabamos a la par unos gringos que llevaban alrededor de una semana sin bañarse y con el calor del sol dieron a relucir su más agradable aroma, tanto así que a las 2 horas de viaje no lo soporté más y comencé a vomitar, María José al verme no se pudo contener y comenzó a vomitar también, con la gran diferencia de que yo lo hice en una bolsa y ella encima de uno de los gringos ediondos. Entre el vomito y el desagradable olor de los pasajeros internacionales el chofer decidió suspender el viaje en ese bus, debido al insoportable aroma que ibamos presenciando. Todos los pasajeros salimos a esperar a que llegara otro bus al rescate.

Pasaron una hora y media para que por fin llegara el bus más aseado. Nos metimos todos y proseguimos el viaje. Llegamos a Montezuma, miro por la ventana del bus aquel grandioso panorama, un mar perfecto, las mejores bebidas y una sombra que me estaba esperando, pero...en lo que nos bajamos del bus, me doy cuenta que mi maleta había quedado en el otro bus, le pregunto al chofer y me dice que me la devuelven hasa el siguiente día porque ya no iban a hacer más viajes durante el día que llegamos. No me quedó más remedio que esperar a que amaneciera de nuevo para poder tener mis cosas de regreso.

Buscamos entonces donde hospedarnos, pero al ser temporada alta todo estaba lleno, lo único que encontramos fué un lugar frente al mar donde se podía acampar. Nos instalamos allí, pusimos nuestra tienda de campaña, la cual, no sabíamos que era para una persona pero en medio de la nada no nos quedó otra opción que meternos allí como sardinas enlatadas y agarrar las maletas de mi amiga como almohadas porque nos había espacio donde ponerlas.

Ya era de noche, y estabamos rendidas de tanto viaje, porque habíamos durado casi 2 días en llegar..esa noche caímos rendidas esperando que el día que nos esperaba sería mejor. Son las 7:00 a.m, un fuerte olor a hierba nos despierta pero aún nos sentíamos atontadas, salimos de la tienda y vemos a 2 boboshantis acampando a la par nuestra fumandosela desde buena mañana. En medio de la loquera, ella tomó algunas de sus cosas y nos fuímos a la parada de buses a recoger mi maleta. Cuando llegamos ya estaba ahí y una vez que la recogí nos fuimos a desayunar a un restaurante que quedaba cerca, pedimos un pinto con huevos y jugo de naranja, estaba delicioso! Decidimos pagar para irnos cuando...me doy cuenta de que mi billetera no estaba en mi maleta, y ya era muy tarde para reclamar porque el que me la devolvió ya se había ido. A mi pobre amiga le tocó invitarme aunque no lo quisiera.

Nos devolvimos hacía donde estaba la pequeña tienda de campaña, sin mucho dinero y ánimos decidimos disfrutar al menos la última y única tarde que podíamos estar en la playa porque al siguiente día ya era nuestro regreso por escasez de dinero. Tomamos la decisión entonces de ir a unas cataratas que quedaban cerca, luego de caminar un sendero. Fuimos, tomamos un poco de sol e ibamos luego caminando por unas rocas y en ese momento a mi amiga se le tuerce un pie, se le inflamó tanto que nos tuvimos que devolver y yo la llevaba casi en mis hombros, pero eso no fué todo, veníamos caminando por el sendero y de repente nos aparece un hombre con cara de depravado que comenzó a hacer gestos de maniático sexual, sólo nos quedó salir corriendo, pero no podíamos avanzar mucho por el dolor del pie de María José, ibamos con el corazón en la mano y en eso, aparece una pareja de novios a los cuales les comenzamos a gritar ayuda, el depravado se asustó y salió corriendo hacía otro sendero.

Llegamos de nuevo a la tienda de campaña, ya sólo queríamos que amaneciera para salir rápido rumbo a nuestras casas, nos acostamos en nuestro cómodo espacio y grandiosas almohadas, pero a pesar de lo incomodo caímos rendidas del sueño!

Son las 6:00 a.m, nos despierta aquel olor a hierba perteneciente a nuestros vecinos, nos disponemos a recoger nuestra tienda e irnos en el primer bus directo hasta San José, una vez montandonos en el bus, aproveché la oportunidad para reclamar al chofer sobre mi billetera desaparecida, pero se enfadó tanto que lo único que hizo fué bajarnos y cederle nuestros asientos a otras personas como si fueramos nosotras las delincuentes! No nos quedó más remedio que pedir ride, cosa que nos daba miedo pero no teníamos otra opción. Por fin, aparece en el camino un viejito que iba hacía Puntarenas y no hizo el gran favor de llevarnos. Ibamos felices casi llegando a nuestro destino, cuando al señor le dió un ataque al corazón, muertas del susto llamamos una ambulancia, pero ya era demasiado tarde, ya había fallecido.  Con toda la pena del mundo de lo que había sucedido, nos tocó quedarnos esa noche en la vela del señor al ser nosotras quienes estabamos con él a la hora de su muerte. Y otra vez , solamente esperamos a que amaneciera para tomar el primer bus de Puntarenas a San José.

Amaneció, y efectivamente logramos tomar el primer bus que salió, y después de toda una nocha en vela ni siquiera pudimos hablar durante nuestro viaje de regreso del agotamiendo que teníamos.

Llegamos a San José, y nuestros padres estaban esperandonos para ir a casa, nos volvimos a ver, sonreímos con cara de arrepentimiento de haber ido, nos dijimos hasta luego y nos fuimos a nuestras respectivas casas.

Una semana después, nos volvimos a ver en la universidad y nos prometimos nunca más ir a la playa juntas y mucho menos a Montezuma.

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